martes, 13 de enero de 2026

Mi ¿mundo raro?, México mismo.

Mi ¿mundo raro?, México mismo.

Por: Sergio Domínguez. 
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Una letra e interpretación para confortar el alma, con dignidad.

La primera vez que escuché "Un mundo raro" recuerdo que tenía como unos 8 o 9 años, en su versión con el Rey del género ranchero mexicano, el maestro José Alfredo Jiménez. Fue por mi padre que la conocí, pues me llevó un cancionero viejo con la letra y los nostálgicos acordes pentagramados de tremenda pieza...nunca la etiqueté como una canción no acorde a mi edad, más bien me dejé atrapar por su naturalidad, sin saber que con el tiempo se convertiría en una canción que me explicaría una gran verdad: quien ama sufre, y sufrir es vivir, paradójicamente, se vive desde lo que nos hiere. Yo era un niño, cierto, pero ya desde entonces aprendí a sentir la música mexicana en su más alto dolor y resignación, cuanto más su nostalgia. 

La letra y la melodía -por mucho simple de memorizar- de esta canción me hizo entender -desde una corta edad- que si hay que aprender de amor, ese "amor del bueno", habrá que aprender a contar historias desde una digna resignación, casi como el mexicano y su cosmovisión siempre herida, cambiante y a veces como la canción misma dice de "un mundo raro". También sus acordes tocan el corazón de quien más reacio y macho sea en su carácter, precisamente porque suena algarabía, anécdota, ganas de llorar y reconocer finalmente, que así con tanto dolor se aprende a vivir. Así vivimos día a día, y aún sonreímos; la sonrisa que es, si no el único o uno de muchos, el genuino gesto de Dios en el mundo.

La canción duele, y duele rebonito como solo los mexicanos sufrimos (tantas cosas y desde nuestro ADN histórico) porque tal vez sea verdad que a veces hay que contar otra historia de una manera más alegre , ante la angustiosa verdad -la canción dirá que es a través de la mentira tanto de quien la sufre como quien la provoca- que nos golpea en el alma ilusionada; aquella que observa el recuerdo de lo perdido, interpela el corazón y posee análogamente a la metáfora ignominiosa de lo que aparece "como un sueño dorado":

Que te duela una canción sin que la dediques, y que puedas sentir el proceso doloroso de soltar, crecer, olvidar y perdonar, suena a que hay algo de camino recorrido, pero ante todo puede ser un recordatorio de que lo que nos pasa después de un mundo de "ilusiones" o en donde nos "ofrezcan un sol y un cielo entero" con el alma encarnada en el olvido de un amor egoísta o injusto, rancio y mediocre que tal vez se perdió en su propia miseria, su propia desgracia y suena mejor decir que "olvidando el rencor, no diré que tu adiós me volvió desgraciado", aunque el silencio nos diga tantas cosas verdaderas con el puro dolor en el alma. 

El pasado con su voragine de sucesos imperfectos como la condición humana en sí misma, momentos de fracasadas sensaciones en la piel, o aquellos sueños no logrados (porque a veces así se siente no vivir la plenitud en esta vida) tanta verdad, nos cala en la memoria y nos orilla a vivir la mentira que nos salva de la desgracia que es un tipo de muerte en vida. Esa que de la historia termina siendo contada -mejor todavía cantada desde el más puro sentimiento con la melodía correcta- a merced de quien se queda con la propia historia, la pasada, la presente y la que no veremos más.

Pero aventurarse a ver lo pasado duele, y por eso es "preciso decir otra mentira", porque ya que más nos queda que mandar todo al carajo o, diré ahora ..."un mundo raro"; ese en donde podemos decir que "no sé de llorar, que no entiendo de amor," y donde podemos afirmar categóricamente nuestro lugar en la más mexicana e identitaria realidad: aquel lugar -o forma- en el cual finjo que "nunca he llorado", -aunque sepamos bien que tan finos acordes y palabras nos acarrean lágrimas agrias pero verdaderas- y por eso me vuelvo a levantar ante todo. 

Qué bonito sentir en el corazón una canción que refleja la verdad de tantas cosas en mi país, de mi yo, de muchos de mis paisanos.... es Mexico, o diré, es ¿"Un mundo raro"?

https://youtu.be/p1jQsq-Q1hs?si=yCnHOlx6xNUI9Ezx.

lunes, 3 de noviembre de 2025

AKASH BASHIR: Un joven justo y valiente

Por: S.A. DOMÍNGUEZ SC 


NOTA PARTICULAR DEL AUTOR 

    Pienso con toda la entereza de mi pensamiento, y con la sinceridad de mi espíritu, que si cada joven cristiano en nuestro mundo, le repitiera a sus propios temores y tentaciones, las últimas palabras que Akash Bashir profirió antes de su martirio, de “Moriré, pero jamás te permitiré pasar”, tendríamos más jóvenes dispuestos a amar con justicia y valentía el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo en medio de la soledad de los corazones de quienes se han alejado del amor y la ternura que brinda Dios Nuestro Padre, a todos sus hijos sobre la faz de la tierra.

Akash Bashir, es un modelo loable de santidad para los jóvenes de nuestro siglo, un profeta de la fe que se vive en la alegría del servicio al prójimo, y un ejemplo claro de la sencillez de los elegidos por Dios, a quienes muestra el rostro de su sabiduría eterna. Su causa, es la nuestra también. 

Su legado, supera cualquier frontera humana e ideológica. No hay credo más sublime que aquel que logra en sus fieles la capacidad de donar la propia vida por los demás. Su sacrificio cruento, aunque es humanamente trágico de aceptar, es para nosotros los cristianos, un don de Dios que se da para seguir construyendo la santidad de Iglesia Universal que Cristo bañó con su propia sangre.







sábado, 1 de noviembre de 2025

Diseñar la proximidad: La educación como gesto de esperanza en la era digital.

Diseñar la Proximidad: La educación como gesto de esperanza en la era digital

Por: S. A. Domínguez SC

​I. La Urgencia del mapeo interior

​El Santo Padre León XIV, con la reciente Carta Apostólica "Diseñar Nuevos Mapas de Esperanza", ha interpelado el corazón de la Iglesia a propósito del 60.º aniversario de la Declaración Conciliar Gravissimum educationis. Este documento, lejos de ser una simple efeméride, se alza como una brújula profética para quienes asumimos el noble —y a veces agotador— "oficio de promesas" que es educar.

​Desde la trinchera de la escuela católica, y con la sensibilidad puesta en la formación integral de los jóvenes, el mensaje papal resuena con una claridad meridiana: la educación no es una actividad accesoria, sino que constituye el tejido mismo de la evangelización. Es la forma concreta en que el Evangelio se encarna en la relación, el conocimiento y la cultura. En un mundo definido por lo que el Papa Francisco ha denominado la "cultura del descarte" (Evangelii Gaudium, 53), la educación se convierte en el antídoto fundamental, en un imperativo de justicia y en la expresión más alta de la caridad cristiana.

​La Carta nos invita a ser cartógrafos, no nostálgicos. La tarea es trazar rutas de sentido en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Esto exige una revisión valiente, pero jamás una claudicación ante la promesa de que, allí donde las comunidades educativas se dejan guiar por Cristo, no levantan muros, sino que se construyen puentes.

​II. Fe y Razón: La "Cosmología de la Paideia Cristiana"

​La Carta Apostólica subraya que la educación cristiana, a lo largo de los siglos, ha sabido custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida. Esta es una herencia que debemos revalidar con rigor académico y compromiso existencial.

​El Papa San Juan Pablo II ya nos había advertido de los riesgos de la división en su encíclica Fides et Ratio (1998), al señalar que la fe y la razón son como las dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. La crisis actual radica, precisamente, en haber roto a la persona, separando el deseo y el corazón del conocimiento.

​El Papa Benedicto XVI, por su parte, centró su magisterio en la necesidad de que la caridad sea informada por la verdad. Como el Santo Padre León XIV recuerda, la duda y las preguntas en nuestras aulas no deben ser prohibidas, sino acompañadas. El método es el de la escucha que reconoce al otro como un bien. Esta postura intelectual y pedagógica evita caer en el "iluminismo de una fides que se contrapone exclusivamente a la ratio" y nos llama a un conocimiento intelectualmente responsable, profundamente humano y abierto.

​El legado espiritual y pedagógico que la Carta exalta—desde San José Calasanz abriendo escuelas gratuitas para los pobres hasta San Juan Bosco con su "método preventivo"— prueba que la pedagogía en la Iglesia nunca es teoría desencarnada, sino carne, pasión e historia. Es la materialización de la proximidad que, en el carisma marista, como el mismo Marcelino Champagnat lo quería, se traduce en la presencia significativa entre y con los jóvenes.

​III. El nosotros educativo: Una obra coral y de cuidado

​La afirmación de que "nadie educa solo", es vital para nuestra labor pastoral como educadores comprometidos con la misión por el Reino de Dios. La comunidad educativa —docente, estudiante, familia, personal— es un "nosotros" en el que el agua fluye y nutre. En la experiencia de la pastoral juvenil, entendemos que la crisis de las relaciones y la inseguridad social pueden "apagar el deseo" de trascendencia y aprendizaje.

​Frente a la hiperdigitalización que fragmenta la atención, la respuesta de nuestras instituciones católicas debe ser un laboratorio de discernimiento, innovación pedagógica y testimonio profético. Esto implica, como nos enseñó el Papa Francisco en la llamada a la sinodalidad, aprender a dialogar con el corazón (Cor ad cor loquitur fue el lema del ahora copatrono de la misión educativa, San John Henry Newman). El corazón dialoga con el corazón, y la sinceridad toca más que la abundancia de palabras.

​Nuestra tarea, entonces, es triple, según el mandato final del Santo Padre:

  1. Desarmar las palabras: Porque la educación avanza con la mansedumbre que escucha, no con la polémica estéril.
  2. Levantar la mirada: Para saber a dónde vamos y por qué, manteniendo una visión de futuro.
  3. Custodiar el corazón: Poniendo la relación antes que la opinión y la persona antes que el programa.

​IV. Coreógrafos de la esperanza

​El llamado del Papa León XIV a ser "coreógrafos de la esperanza", resume poéticamente el desafío.

​Un coreógrafo no solo diseña pasos; da sentido y armonía al movimiento. De manera similar, los educadores estamos llamados a coordinar los pasos de la comunidad hacia la verdad. Nuestra fe no es un refugio nostálgico, sino una vela desplegada en la bonanza y un ancla de salvación en la tormenta. Al igual que los fundadores de nuestras congregaciones, somos llamados a trazar nuevos mapas para los millones de jóvenes que aún buscan acceso a una educación digna y, más aún, a una educación con sentido.

​Menos etiquetas, más historias; menos contraposiciones estériles, más sinfonía en el Espíritu. Esta es la hoja de ruta que el Magisterio, de Juan Pablo II a León XIV, nos ha entregado. Es la invitación a trabajar por una constelación que no solo brille, sino que oriente: hacia la verdad que libera, hacia la fraternidad que consolida la justicia, y hacia la esperanza que no defrauda. 

Nuestro compromiso como educadores católicos, arraigado en la humildad y la sencillez, y sobre todo en un amplio sentido del camino de fe que recorremos, encuentra en este mapa su nuevo horizonte y una tarea siempre presente para seguir construyendo el Reino del amor que Jesús nos vino a enseñar, ¿Cómo? Educando desde el amor a nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

UN DIOS CERCA DE LOS JÓVENES.

Mi ¿mundo raro?, México mismo.

Mi ¿mundo raro?, México mismo. Por: Sergio Domínguez.  _____________________________ Una letra e interpretación para confortar e...