Por: S.A. DOMÍNGUEZ SC
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Pienso con toda la entereza de mi pensamiento, y con la sinceridad de mi espíritu, que si
cada joven cristiano en nuestro mundo, le repitiera a sus propios temores y tentaciones, las
últimas palabras que Akash Bashir profirió antes de su martirio, de “Moriré, pero jamás te
permitiré pasar”, tendríamos más jóvenes dispuestos a amar con justicia y valentía el Evangelio
de Nuestro Señor Jesucristo en medio de la soledad de los corazones de quienes se han alejado
del amor y la ternura que brinda Dios Nuestro Padre, a todos sus hijos sobre la faz de la tierra.
Akash Bashir, es un modelo loable de santidad para los jóvenes de nuestro siglo, un profeta
de la fe que se vive en la alegría del servicio al prójimo, y un ejemplo claro de la sencillez de los
elegidos por Dios, a quienes muestra el rostro de su sabiduría eterna.
Su causa, es la nuestra también.
Su legado, supera cualquier frontera humana e
ideológica. No hay credo más sublime que aquel que logra en sus fieles la capacidad de donar
la propia vida por los demás.
Su sacrificio cruento, aunque es humanamente trágico de aceptar, es para nosotros los
cristianos, un don de Dios que se da para seguir construyendo la santidad de Iglesia Universal
que Cristo bañó con su propia sangre.

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